Al ocaso
Asi bajo la sombra fue retoñando el tiempo
Las paredes se inflaban de viento,
ociosos resguardaban los dioses
era la puerta a la eternidad.
Caronte, dios sin dioses
Sobre la piel de aguas olvidadas
una barca rompe la monotonia,
los ojos aquí parecen voces.
Bajo el lecho se dibuja la silueta de mil dolientes,
vez las manos del barquero,
y te pierdes en los pliegues de la eternidad.



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