La Personalidad y el Mito

Nos piden ser, nos piden hacer, nos piden respirar, nos piden vivir.

Tal vez si no existiera la personalidad, este blog no recibiría la mayoría de sus visitas por parte de personas que buscan algo sobre ella. Para mí no existe, quizá yo no lo visitaría. No hay que hacer un recuento de la vida de alguien para desarmar todos los mitos que rodean la modernidad en cuanto a los individuos; cada época ha buscado modelar un tipo de individuo que se asemeje a sus metas, por esta razón la personalidad no es más que el entrecruzamiento de las hebras ideológicas y creencias que tejen los sistemas de poder a los que cada cual, por voluntad propia, se hibridiza.

Si hoy me siento a ver los carros pasar es porque detrás del follaje se esconde la carretera que pasa al frente, es cierto, querría no verlos, recordar cuando el sonido incesante de los motores llegaba a mis oídos casi como un rumor, en esos días era más fuerte el rumor del rio que el del pavimento. Y sin embargo las cosas cambiaron, el camino tomo otro rumbo que termino siendo aquel que pasa al frente mío; aun así, hoy en el rio deambulan animales que no habría soñado con ver antes, y puedo apreciar con más cariño la diferencia entre el aire estancado y sucio que pasa por un lado y por otro.

Si es cierto que el cambio es inevitable, que las aguas que nos tocan nunca son las mismas, que las moléculas de aire que respiramos una y otra vez siempre difieren, si esto es cierto, y bajo la bóveda del cielo, y por encima de ella, no queda más que el rastro del cambio en la memoria (eso que llamamos presente). Que queda por hacer? o ser?

La cerrada visión de las posibilidades se remite al estado del cerebro en cuanto a su constructo cultural modernista; cuando le preguntaba a mis amigos si había alguna otra forma de conocer que no fuera la racional, lo único que alcanzaron a decir fue la intuición. Este ejemplo nos familiariza con las características dominantes de la razón. Dentro del paradigma social en el que nos desenvolvemos evidentemente no hay salida, nos encontramos en un encierro conceptual totalitario que evita que las denominadas identidades puedan escaparse de la cárcel en donde se encuentran.

El primer símbolo de libertad implica la derrota a sí mismo, la perdida de toda noción absoluta y aislada de lo que consideramos como esencia. Ahora, la libertad es un mito, un ethos en sí misma; hay que verla como un proceso, una lucha que no tiene fin, ya que no es esta un estado final o un lugar ultimo, es más bien la concepción del camino, o un nombre no especifico para él. Este es un término que adopto, pero que en sus raíces es una palabra árida, designa tambien el vacio futurista de la ilustración. Como tal la palabra libertad se refiere a la parte final de una aparente búsqueda, el hombre moderno gasta sus días y sus sueños allí. Una dificultad que trae de nuevo a colación las diferencias radicales que surgen al entender el mundo como un concepto o como un proceso.

Los brujos mexicanos hablan de perder la razón, y de invocar la muerte como forma de liberación, la lucha con ella. Tanto la vida como la muerte, en occidente, se comprenden desde la linealidad del tiempo. Por otro lado, de forma afín algunas corrientes psicológicas, al igual que formas de pensamiento postmodernistas,  retoman esta discusión; viendo la forma en cómo la vida y la muerte se conectan con la construcción de la personalidad. El medio al ethos al igual que la conciencia de la vida (dos términos unidos de forma permanente), el infierno, el purgatorio, el cielo; sobre los cimientos de la mística judeo-cristiana al igual que sobre las columnas del individualismo ilustrado, se le concede al ser una esencia espiritual y “humana” sobre la cual todos debemos ir construyendo la identidad. La particularidad surge cuando se observa que esa construcción de la identidad es ya dada, la autonomía queda de nuevo encerrada en la normatividad mística de la justicia y la religión.

Al perder la razón, como dicen los brujos; al negar la esencia misma se niega la libertad ilustrada, queda solo el cascaron de la palabra a ser llenada. Detrás del esquizofrénico se esconde la capacidad de existir en realidades alternativas dentro de los sistemas pre-establecidos. Esta lucha, no encaja dentro de la concepción tradicional de lucha tampoco; el guerrero en occidente, el salvador que personifica lo divino, no es más que un mecanismo regulador social; del mismo modo la liberación funciona como un mecanismo de regulación social. La madre le promete siempre ir al parque al hijo, hasta que el hijo, adormecido en la promesa, olvida preguntar de nuevo. Esta imagen representa las políticas de la demanda en los regímenes actuales, se responsabiliza al otro de la construcción de la identidad, de la consecución de la libertad; adormecidos, olvidamos nuestras búsquedas y nuestras luchas, ante el miedo a la locura recurrimos a la normalización de la experiencia vital, a su racionalización.

Aceptar entonces la libertad como una construcción-destrucción de sí mismo es arrebatarle el poder a los sistemas de administración y control social, es la satisfacción del deseo existencial y vital que busca, en un sentido Nietzcheano, el renacer de entre las cenizas de aquel que se quemo a sí mismo.

~ por rhinoceruz en Agosto 24, 2008.

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