La Ciencia Nomada

Banksy

Saber de algo, o saber de todo, a la nada, a la de Dios. Saberse genio, es saberse inútil, es mirar el mundo desde la distancia, es olvidarse y dejar de lado el instinto emocional, que no es ni tan instinto, pero que es más humano que el conocimiento. No existen todos, existir es la medida de acción sobre el mundo, pero también es la medida de acción sobre sí mismo, lo que los anarquistas llamarían capacidad autónoma decisión, lo que yo llamo carácter.  Pero es cierto, que teorizar es diferente a actuar, existe un abismo entre estas dos palabras, los científicos, adictos a la metafísica, habitan un mundo de sombras, un lugar platónico en donde se confunden los estados ideales de los objetos, y ellos en su cueva de llamas y sombras.

¿Qué pasaría si la ciencia fuera otra cosa? Si se pudiera amalgamar el sentido inocente de la infancia, con el del conocimiento, si el científico pudiera volver a recuperar eso que constituyo su futuro; caminar por entre las matas o ver la gente pasar por la callase, y sentir esa extraña sensación que en algún momento, hace algunos años, se desvaneció. He conocido “científicos”, gente atemorizada de vivir el mundo real que para escapar de él, se guarecen en cientos de artículos; la vida del científico actual corresponde a la de aquellos que, atados a cadenas, viven del juego de sombras y siluetas en una cueva.  Aquel que osa liberarse, es asesinado simbólicamente, pasa a ser no ciencia.

Si es así, es mejor hacernos matar; el estatus de científico se vuelve una carga indeseable para aquellos que miran desde la curiosidad. El conocimiento y la palabra verdad son dos términos a mi parecer irreconciliables: el primero parte de la curiosidad, y afortunadamente en muchos casos, del deseo de ayudar. El segundo es restrictivo al conocimiento mismo, la verdad es el término que reemplaza a Dios, en el mismo sentido en que el profesor reemplaza al cura en el pulpito. ¿Qué queda entonces para aquellos que no buscan desesperada y ávidamente la verdad? Queda la ciencia nómada, arma sin filo ni peligro empuñada por primera vez por los postestructuralistas, y avistad décadas atrás por Nietzche en la “Gaya Ciencia”.

La ciencia nómada no es una metodología científica, ni una propuesta para llevar  la ciencia a sus últimas. No se construye sobre una concepción misticista ni utópica de la ciencia, no se apoya sobre el futuro, no usa el tiempo como una justificación ni evita el espacio como una autocensura. La ciencia nómada es una aproximación al eterno retorno de Nietzche en el sentido en que parte de una concepción vital del conocimiento. El científico nómada no parte un titulo, la ciencia es vivida y experimentada en un sentido personal, es decir, tal como la forma nómada de algunos pueblos,  la ciencia nómada es una forma de vida.

El estudio de la ciencia tal y como esta propuesto en la modernidad implica un ilusorio separamiento entre el sujeto y el objeto, cuestión que al mismo tiempo es separar al sujeto de la ciencia. ¿No vemos “científicos” que solo pueden aprender de la destrucción de aquello que dicen estudiar? ¿No vemos científicos sociales criticando o investigando estructuras (como por ejemplo en el caso de los estudios sobre la moral), para después ver como en su cotidianidad replican los mismos vicios de los cuales dicen tanto saber y dicen tanto atacar? Si la ciencia es vivida, y esto es necesario desde una perspectiva anarquista de las ciencias, la ciencia tiene que surgir no de normatividades ajenas al individuo, no de metodologías que adquieren su poder gracias a semiocracias y propuestas místicas. El conocimiento, como decía algunas líneas más arriba, debe ser la continuación de la inocencia del niño; el científico nómada camina entre las múltiples fuentes y metodologías de conocimiento sin necesidad de quedarse estancado en una sola perspectiva del mundo. El mundo social se construye a partir de la integración de múltiples relatos que suceden en múltiples niveles de la sociedad, el conocimiento parte del mismo predicado, y tras la cortina de humo de la verdad, la ciencia se ha construido a partir de la jerarquización de múltiples posibilidades de conocimiento.

La ciencia nómada no necesita de mascaras, a pesar de ser una mascar en sí misma, no atribuye ni evita responsabilidades, no domina, tampoco, se deja dominar. Conoce, como quien al llegar a un lugar nuevo, no puede evitar caminar sus calles, preguntar a los locales, extasiarse con el olor del viento, de los colores del cielo. El científico llega con la regla y el articulo, y solo puede mirar el mundo desde ahí, de resto es considerar un placer mundano, pero ¿no es mejor vivir del placer?

~ por rhinoceruz en Junio 22, 2008.

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