Lo inutil de la politica

Sentarse a hablar con la izquierda es no querer ser de izquierda; es como ser de derecha, pero con un discurso más bonito. Es recordar el grito de los filósofos, la advertencia de los que infieren que las peores relaciones de dominación son aquellas más sutiles, son los discursos más melosos, el humanismo modernista en su máxima expresión.

No hay que negar que vivimos en una época de decadencia, pero tampoco hay que olvidar que todos los momentos “civilizados” del hombre tienen un poco o mucha decadencia; seguimos en el logos, en la idea, en la construcción metafísica del mundo. Porque lo absoluto debe su esencia a lo metafísico; la razón, el orden aparente que reina en este mundo, el Yo, esa cárcel de una silaba, la cárcel mejor diseñada en la historia. El sistema disciplinario que nos rige y respira a cada segundo en nuestra nuca; el sistema, “defendiéndonos”, “educándonos”, organizando y categorizando. La política, el eje central de la sociedad, ese absurdo de un concepto, que ha terminado anteponiéndose al resto de la sociedad, reteniéndola, asfixiándola. Aun así, hacemos la venia, comprendemos, de un modo un poco superficial, que la política está dada, que es el orden inmanente y necesario; sucede en la inercia de la derecha, y entre los susurros de la izquierda, sin soltar la teta de la mama, estamos aun atados a la primera construcción esencial de lo apolíneo, el orden político, absorbiendo y parasitando la sociedad.

Si hay una referencia perdida, es la del ser que puede existir discursiva y cognoscitivamente fuera del sistema, no solo el científico nómada, como lo llamaba Deleuze, el individuo nómada, que ha escapado a la trampa de la personalidad y del orden, del constructo binario, normativo y dicotómico que pone al hombre a caminar en una recta de extremos. Casi toda expresión de liberación y revelación del sistema no es más que una mera reflexión, la revolución se reduce el paso necesario de un extremo a otro, la revolución nunca fue más que un término que, desde sus inicios, estaba inmerso en las dinámicas de poder “racionales” del sistema.

Sucede que en la izquierda el nómada puede llegar a ser imposible de existir. No hablo de la derecha, hablar de una, necesariamente condena a la otra. La izquierda, el historicismo y la justificación moral de este discurso se dibuja sobre absolutos, no existe en muchos niveles, esa necesidad de autocritica; vista como la necesidad de autodestruirse, de hundirse en el vacío, de lo que Florance Thomas llama la necesidad de perderse de los nombres, de rebelarse del discurso, de lo que se nos tiene preparado y formulado para ser. La izquierda no tiene autocritica, no se conoce así misma mas allá de su teoría, esa es el estado actual y general de la izquierda, es la misma que ahora puebla los blogs “socialistas”, que antes de tener como experiencia y catalizador lo social, se guarece en la teoría y en las falacias del modernismo, y del subjetivismo humanista.

Aun vivimos en la semiocracia dominante de la razón, que es la misma de un lado político y del otro, el orden que con la excusa de defendernos, nos hace olvidar de lo bestial, lo esquizofrénico, lo sexual, el deseo, la creación y la destrucción, el sueño, lo inconsciente. La realidad de la realidad es que no existe tal cosa, al menos no como concepto, no como absoluto, no como una dimensión entropica y circular. No como sentido, ni como lógica. Perderse en el mundo es aun más fácil si tenemos un mapa lleno de líneas rectas y direcciones, en medio de un desierto de dunas.

Alguien me acaba de decir que deje conchas regadas en el camino, y estas son las conchas que voy escribiendo, no olvido que en teoría soy de izquierda, pero en la práctica, en mi realidad, desprecio tanto la izquierda como la derecha.


~ por rhinoceruz en Abril 19, 2008.

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