El periodismo y los medios, una perspectiva Postanarquista
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El periodismo, como esta insertado dentro del funcionamiento de la sociedad, tiene el trabajo de registrar aquello que se llama “realidad”. En este sentido, el periodismo debe entrar dentro de la crítica y la deconstrucción de los procesos tal como están propuestos por la postmodernidad. Se hace necesario ya que en la sociedad actual se replantea a fondo el concepto mismo de realidad y también se propone como concepto central la comunicación, la cual a su vez es también esencia del oficio periodístico.
La inclusión de conceptos y análisis post anarquistas propone también un nuevo componente en este análisis. Ya que el periodismo al estar más inserto dentro de las prácticas corporativas que dentro de las prácticas sociales, entra a ejercer un poder que está orientado a intereses más particulares de ciertos grupos, que a la necesidad de generar formas de difusión de la información con impacto social positivo. En otras palabras, es necesario, a veces, ver el periodismo como un poder, poder que en la coyuntura actual se hace aun más relevante debido a su posición como comunicadores y constructores de la realidad.
La posición de los medios entra a ser similar a la de un Estado, los dos tienen fuerte influencia sobre la normatividad y la cotidianidad. Por un lado se puede decir que una de las esencias del poder en el periodismo es su función y su responsabilidad con la sociedad, aspectos que si se miran por la ventana deconstruccionista implican que el periodismo no está encargado de registrar la realidad sino de construirla, pasando así de una función de agentes pasivos a agentes activos en la construcción social. Por otro lado, es necesario mirar las lógicas que se entrecruzan en el oficio, en particular aquellas lógicas que ahora predominan y que se pueden denominar como capitalistas y corporativas.
Esto último es esencial para entender el porqué de las nuevas contingencias que atañen a este nuevo periodismo. La producción de noticias se empieza a orientar a la necesidad de ganancias, a la producción, fabricación y difusión de noticias y formas de hacer noticia orientadas a vender espacios publicitarios y perpetuar relaciones de poder. Un ejemplo de esto es la predominancia de géneros noticiosos light en los medios impresos, o las interminables horas de entretenimiento que ahora ocupan los segmentos en las noticias televisivas. Estas presiones corporativas sugieren que las relaciones de los medios son más cercanas con las necesidades de los medios como empresas, también sugieren que las noticias son la materia prima para que las relaciones corporativas se mantengan estables y sean beneficiosas en términos económicos. Aquello que llaman “libertad de prensa” queda reducido a un recurso discursivo, al estar la información mediada y filtrada por otro tipo de intereses.
La concepción del periodismo como un oficio de registro de la realidad implica también una metodología específica en el registro mismo. Argumentando de nuevo desde el postmodernismo: la realidad es un aspecto relacional y por lo tanto comunicativo; los medios son instituciones centrales en la sociedad ya que su naturaleza es comunicacional. Pero la realidad que dibujan los medios es una realidad concreta, la experiencia de la realidad es filtrada por la necesidad de producir información binaria y concreta, las nuevas contingencias tecnológicas y sociales acentúan esta problemática, ya que surge la necesidad de producir noticias atemporales y reducidas a un espacio especifico. El nuevo mundo noticioso es un espacio donde prima el impacto y la inmediatez, factores que a su vez generan dinámicas periodísticas en donde prima la cantidad sobre la calidad, y el espectáculo sobre el análisis de lo real.
No debemos olvidar que la realidad no es un espacio concreto, es la interacción de miles de realidades fluctuantes que se tocan y se separan, que pueden ser paralelas o pueden interceptarse en diversos momentos. Las propuestas periodísticas clásicas por su metodología y por su intención de presentar un espacio “objetivo” y “veraz” caen en el error de construir un mundo fragmentado y a su vez dominante, concreto y sesgado. Los medios someten la realidad rizomatica a la realidad jerárquica de sus propios intereses e ideologías. Esto es importante ya que la llegada de las nuevas tecnologías ha propiciado una dominancia mediática en la construcción del mundo; la aldea global tal como está constituida filtra nuestro conocimiento de otros lugares y representaciones del mundo y la somete a aquellas fuentes que tienen la capacidad de generar representaciones de diversos lugares y momentos. Los medios.
Nuestra ilusión de existencia esta mediada por lo que entendemos de las noticias, y el tipo de representaciones que ellos nos dan, y que tomamos como realidad, determinan hasta cierto punto nuestra acción y nuestro pensamiento sobre el mundo. El análisis post anarquista facilita la comprensión del periodismo como un poder que utiliza métodos coercitivos pasivos, que nubla la posibilidad de los individuos y las sociedades de integrar dentro de su concepción de realidad la miríada de relatos que confluyen en un determinado suceso. El periodismo es un oficio moral ya que es responsable de la construcción de la realidad en distintos niveles, en la agenda pública, en la representación de la diversidad y la riqueza del mundo.
Se puede deducir de esto, que la propuesta está orientada a ver el periodismo como una institución, en el sentido anarquista de la palabra, y que es necesario recuperar el periodismo y deconstruirlo para poder empezar a hacer una nueva propuesta de periodismo. El poder que ha adquirido el periodismo, curiosamente, es paralelo al creciente estado de conflicto que sufre el mundo en todos los niveles. Cabe ver cuáles son las opciones de resistencia; si el postanarquismo presenta la posibilidad de construir sociedades paralelas a la dominación natural de las instituciones estatales, quizá para nosotros los embriones de periodistas (o difusores de comunicación) se presenta la oportunidad de construir un nuevo periodismo independiente y paralelo que equilibre las relaciones de poder que ahora vician el mundo periodístico.
Nicolas Espinel



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