El fracaso de la marcha
Si, si es cierto, la marcha fracaso.
Previo a la marcha, culpo a la oposición y al oportunismo del estado y los medios para pegarse a la marcha.
Hoy, 4 horas después de acabada, encuentro que no solo fueron los diferentes tipos de instituciones políticas y económicas los que propiciaron el fracaso de la marcha. Lo que en un principio se entendió como una movilización civil en contra de las FARC, SI TERMINO SIENDO UN MITIN POLITICO QUE MAS PARECIA UNA MOVILIAZACION POR UN TERCER MANDATO DE NUESTRO QUERIDISIMO PRESIDENTE URIBE. La politización final de la marcha de hoy, la que marco la estocada de muerte para lo espontaneo de la población civil, fue resultado de las hordas Uribistas que salieron a la calle.
La quema de la foto de Chávez, a quien no apoyo, las arengas en las que ponían al lado de las FARC al polo democrático, el cual tampoco apoyo; la baja presencia de gente en la misma plaza de Bolivar, la cual se podía dividir en dos: el lado izquierdo de la plaza plagado de hordas pro estatistas, la parte derecha en donde se ubicaban los del Polo, los dos grupos atacándose entre ellos, y como cosa rara con todo tipo de conflicto en Colombia, el resto que en serio solo quiere paz, en el medio. No es solo por percepción, aunque supongo que los medios seguirán en su tónica de imbecilidad mediática voluntaria, pero la marcha resulto fragmentada por todos los tipos de politización a las que fue expuesta.
Y repito, si bien no estoy de acuerdo con el Polo ni con Chávez, tampoco estoy de acuerdo con el trato que se hizo en la marcha con estas temáticas, más que todo porque estas temáticas no debieron de entrar dentro de las voces que hoy se oyeron. A la larga esta no es más que la opinión de un colombiano que piensa que el Estado no es, ni ha sido mejor que las guerrillas, es el comentario de alguien que salió a marchar con la convicción de hacerse sentir en contra de las FARC, pero el hecho de que yo esté en contra de las FARC no me hace un Uribista, y esa fue la imagen dada hoy.
Las políticas tanto económicas como de guerra propiciadas por Uribe dejan a veces el sin sabor de ser un castillo de naipes que se puede caer en cualquier momento y que además no se centra en otra cosa que derrotar la guerrilla, cuando la violencia en Colombia es mucho más que un grupo guerrillero; el gobierno se ha dado a la tarea de hacernos ver que si no se sigue con la misma política guerrerista, es decir, si se cambia de régimen, todo se va a venir abajo. Y hoy le dimos todo el apoyo, nos seguimos olvidando que la penetración de la violencia en la red social es tan profunda, que solo con acabar con la violencia política no va a arreglar la mayoría de las cosas. La negación de la violencia no solo se debe hacer en cuanto a los actores armados tanto legales como ilegales; debe haber un cambio en todos los niveles, y si se puede empezar desde abajo mejor, eso es quitarle a la violencia el combustible y las posibles justificaciones que surjan para legitimar la agresión.
Hay un largo camino que hay que recorrer si se quiere cambiar la situación del país, es necesario despolitizar lo civil, es necesario quitar del marco de cosas importantes la política; independizarse del Estado y entender de una vez por todas que Estado y población civil son dos cosas que en la práctica no van juntos, el gobierno nos utiliza para su propio provecho, y nosotros no debemos salir a la calle a apoyarlo.
También es necesario enfatizar más en la educación, y no me refiero solo con esto a la educación de niños, al fin y al cabo los adultos también pueden cambiar y aparecer. Las estructuras de pensamiento en Colombia están marcadas también por la guerra, una guerra que parece nunca terminar y que no sabemos ni cómo ni cuándo empezó. Una guerra que no aburre al mismo tiempo que nos insensibiliza, que hace que la veamos como el diario vivir, que solo sentimos como propia cuando nos matan o nos secuestra a alguien que conocemos. Mientras tanto, muchos salen a marchar, y se van como se se hubiera cumplido la tarea, solo para decir que fueron y que gritaron un rato, la cotidianidad conflictiva y violenta seguirá ahí.
La violencia también somos nosotros, o por tomar lados políticos radicales que nos representamos irreconciliables, o por la puta pasividad con la que vamos por la vida, solo nos importa cuando nos joden a nosotros. También por ser tan hipócritas, de alzar la voz contra la guerra, pero de aplicarla en nuestras relaciones cotidianas; porque este es una país en donde la gente se huele un pase de coca y después se pone la camiseta de Colombia, porque aquí los políticos quieren que los respetemos y los adoremos por ser POLITICOS, pero son ellos los que nos tienen que deber respeto a nosotros. A la sociedad le falta ver cuánto del conflicto es responsabilidad de la sociedad misma.
Nicolas Espinel



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