si te pienso…

A veces te pienso, acabas de llegar, y eres una mancha entre los rostros que deambulan. A veces te pienso, acá llueve y hace frió. Podrías pensar que esta es una carta triste, para mí es una carta sin destino; sin quien la escriba, no hay un destinatario (que por cosas de este idioma, vuelve a la palabra destino), tampoco un remitente. Era de mañana, no recuerdo tu rostro, pero sí que era una mañana, y no hacia frió, tampoco sol. Llovía, eran como hilos de agua tibia que caían perezosamente sobre el pavimento, el viento jugaba con el humo del cigarrillo; las bocas hablaban ante mis ojos, podía entrever el movimiento de la lengua, el sonido de los dientes mientras chocaban una y otra vez bajo el peso de las palabras.

Siento no recordar tu rostro, pero tampoco miro tus fotos, se me antojan viejas y amarillentas, carcomidas; solías decir que el tiempo era como un monstruo voraz, que se lo tragaba todo a cada segundo, una y otra vez en una orgía infinita de recuerdos. Si algo aprendí de ti fue esto, si algo mas, a mirar, aunque no tenga yo ese color sucio de mañana en invierno ¿vez también recuerdo las palabras con las que te nombraba en sueños? Hoy son estas calles sucias, que un día están acá y otro día están allá. Camino por las mismas cuadras, pero son otras las casas, y otros los que miran desde las ventanas,  los perros se siguen asomando entre las sombras, los gatos duermen en las mismas cornisas; las tardes se siguen extinguiendo con los mismo colores sobrenaturales, y de vez en cuando la luna es tan redonda como cuando entre porros y vodka de tercera nos sentábamos a hablar.

Allá, en la distancia que es insondable, en los abismos inexpugnables que solo pueden existir entre dos momentos; en el vació y la ceguera voluntaria que me ha quedado de tanto mirar, de tanto querer ignorar; entre los intersticios del tiempo que nos devora, allá aguarda tu foto, que está hecha de sombras de silencios, porque solo recuerdo tu voz.

La Personalidad Cosmopolita

Si hoy pudiera decidir esperaría haber nacido en otra época, otros días. Esta, que es una declaración, se basa evidentemente en la suma de experiencias tanto personales como sociales. El otro día hablando con una amiga surgió el tema de la personalidad cosmopolita que surge como un producto, en lo que parece ser el medio día de la época posmodernista.  La personalidad cosmopolita es, más allá de una identidad específica, una forma de procesamiento y por lo tanto de acción sobre el mundo; una superación de los límites, los estratos y las jerarquías que han dibujado el mapa social y geográfico del mundo en su historia reciente.

Spalenka

Spalenka

¿Qué es la personalidad cosmopolita? Más aun ¿Qué es una personalidad? Primero, la personalidad no existe, no como un eje esencial constructor del individuo, no como una identidad aislada, interior o ajena a la ontología de las personas.  El individuo solo se reconoce como tal en un contexto con múltiples individuos, de otro modo no habría reflejos y antirreflejos que le permitieran reconocerse así mismo.  En otras palabras, solo se puede ser uno cuando se está en un contexto en el cual hay más. La afirmación de que la personalidad no existe no se basa en la destrucción del término como tal, sino en fijar la atención en la relación semiológica y genealógica de la palabra personalidad.

La “personalidad”, del mismo modo que el concepto “individuo”, solo es posible como identidad existente  a través de la comunicación; el lenguaje no solo permea al individuo sino que lo constituye, lo hace existente en su universo, que es social. La personalidad no existe entonces como algo previo al lenguaje, el desarrollo del individuo en cuanto a sus capacidades cognoscitivas depende del nivel de interacción con otros, lo que conocemos y entendemos como individuo solo es posible construirlo, también, a partir de la interacción con otros.

Ya podemos entonces empezar con la identidad que se define como “cosmopolita”; es primero que todo, el resultado de las condiciones sociales: culturales, políticas, académicas etc. Que aparecieron a mediados del siglo pasado y que fueron erosionando poco a poco, el sueño modernista. Con el decaimiento de la modernidad empezaron también a sucumbir los lenguajes que rodeaban y le daban poder al discurso de la ilustración, entre ellos, los conceptos de personalidad he individuo. Gilles Lipovetzky (La Era del Vacio, entre otros) y desde otros estudios Gilles Deleuze (Islas desiertas y otros textos) dan cuenta de la forma en cómo la identidad aislada ha cambiado en su forma de concepción, y construcción en los últimos años.

La existencia cosmopolita es entonces una nueva forma de constitución de la personalidad que surge dentro del posmodernismo, entendiendo este como las nuevas contingencias socio-culturales, filosóficas y políticas, que aparecen a partir de Mayo del 68. Al retar de forma existencial la existencia de estructuras de poder que ejercen influencia tanto en lo individual como en lo social, la personalidad cosmopolita es una forma personal de ignorancia voluntaria de estas estructuras; se logran superar las diferentes fronteras que en su esencia se reducen a la piel y a la cultura. ¿De qué serviría ignorar algo que ya está ahí, como las fronteras entre países o las diferencias institucionalizadas entre razas? ¿De qué sirve decir que un homosexual no está determinado por una aparente naturaleza, la cual pareciera ser completamente dependientes de una forma de interpretación sexualizada?

Pasa que estas fronteras son tan lingüísticas como la personalidad, y que la personalidad cosmopolita al ignorar sus propias fronteras, al reconocerse como una identidad no esencialista, no olvida que las fronteras dibujadas sobre la tierra y otros individuos son tan frágiles como las que rodean su propia individualidad. El trascender sobre estas dicotomías, que solo lo pueden ser en su realidad comunicativa, permite trascender sobre las relaciones de poder que permean el mundo; al no reconocerlas ni hacerlas propias, el individuo destruye de un solo golpe: sus propios límites (los de su individuo y por lo tanto sobre su umbral de acción en el mundo) y los límites del mundo (aquellos referentes a la organización social, económica y política que nos administra, doma y estratifica); al final, destruye esta misma separación conceptual: el individuo es el mundo, al mismo tiempo que el mundo es el individuo.

No somos nadie, empezar por esta premisa, para saber que se puede ser todo. La personalidad cosmopolita es solo una definición, que no predice que es lo malo y lo bueno,  “ciudadanos del mundo” hay muchos. Como decía al principio, ciertos tipos de identidades que han surgido en la posmodernidad no se pueden concebir como conceptos, identidades aisladas, sino como procesos. En otras palabras es la calidad de la acción sobre el mundo, empezando por las prácticas locales, las que determinan lo que este será.

Si hoy pudiera decidir esperaría haber nacido en otra época, otros días. Todavía es posible, escapar a lo que el mundo nos “depara”, al destino, a las personas situaciones, a las practicas y estados que revientan la angustia; es posible siempre nacer.

La corta historia de Don Joaquín

¿y si lo sabías? Pregunto el viejo postrado en la cama.

A veces las preguntas se responden mejor con preguntas, que a la largan se convierten en respuestas que uno se da a uno mismo, que a veces son espejos y otras ilusiones.

Lo vi morir allí, entre las sabanas carcomidas por polillas, ese día acababa la primavera, era, según decían, el día mas largo del año.  En estas latitudes las flores nacen sin avisar ni tener en cuenta las estacionas, aquí la lluvia y el sol se reparten de forma equitativa (y caótica) los días del año, aquí morimos en invierno el mismo día que morimos en verano, ¿a quién le importan las estaciones? Fue así como murió don Joaquín,; un día en que llovió temprano, mientras aspiraba sus últimas bocanadas de aire, y que al morir dejaba ver entre las nubes, los primeros rayos de sol. Don Joaquín, así lo llamábamos por respeto, y porque siempre fue el único que vivió solo y en su soledad solo podía tener alegría; nació y vivió toda su vida en las cuatro paredes que hacían su casa, era un conjunto de cuartos desorganizados donde guardaba un sinfín de libros y viejas revistas.

Lo recuerdo desde pequeño, sentado en la acera con una botella de whisky a medio terminar, un vaso con tres cubos de hielo, un lápiz y un cuadernillo lleno de hojas amarillentas. Escribía al ver la gente pasar, decía que cada ser vivo contaba una historia en sus gestos, en su forma de mirar, y de caminar. Se imaginaba lo que pensaban, si era una mujer describía de forma detalla su vestimenta, poco a poco la imagen se iba volviendo un relato, ya no era alguien que pasaba, era un famoso caído en desgracia, a una pobre niña buscando afanosamente algunas monedas para alimentar a su familia, un viejo y encorvado obrero que regresaba a su casa pensando en no querer volver nunca más, en el tedio de los días ; Don Joaquín pensaba que era esto lo que nos mataba a todos al final, y creía que no había un camino o un destino, que cada cual se debería revelar contra sí mismo y atreverse a ser feliz, el nunca fue nadie, y así lo quiso, al menos eso decía.

No fue sino hasta años después de que mi infancia termino que me entere por boca de mis padres de la historia de aquel viejo, estudiante de alguna ciencia humana en una universidad ya tragada por el tiempo y la mediocridad, lo dejo todo en el momento que su camino  más claro parecía, escribió en una pared (de esas que todavía eran hechas de barro y paja) una diatriba contra sí mismo y se dedico a caminar. Un día, poco antes de morir, me confesó que había estado en las revueltas de mayo del 68, y que allí vio como los estudiantes tiraban piedras por aburrimiento, y como renegaban contra un sistema que se les antojaba ajeno a todo, fue allí donde se dio cuenta, por primera vez, que el mundo era un lugar de cuento, y se convirtió en comunista radical, pregonando contra los gobiernos e intentando salvar al pueblo, después se volvió anarquista, cuando leyó un libro llamado “el archipiélago gulag” y supo que ni a los trabajadores se les podía salvar; porque todas las personas se levantaban cada día, esperando un ángel salvador,  alguien que los encadenara al sueño de ser otro, y al otro de ser nadie, con tal de poder dormir.

-si vamos a morir, que nos podamos cagar de la risa el día que cerremos los ojos.

Y ese día, el día que cerró los ojos, una carcajada broto de sus labios, y todos en la calle supieron que había muerto; guardaron un minuto de silencio, Don Joaquín había muerto de viejo, no pudieron las cajas enteras de cigarrillo, ni los porritos que se fumo todas las noches antes de dormir, tampoco pudieron sus enemigos, que antes fueron amigos, y aprovecharon cada momento para traicionar. Don Joaquín creía en la palabra y en el honor, decía que estos ya habían muerto, pero los guardaba en su corazón.

Yo guardo en el mío el día que, por primera vez, repare en el, cantaba una canción de esas viejas, que yo todos habían aprendido a olvidar…

Ella va triste y vacía
llorando una traición con amargura
por aquel que le decía
que era su amor y su locura
va tratando de lograr lo que ha soñado
aprovecha la experiencia de la vida
va olvidando sufrimientos del pasado
la calumnia y la mentira la castigan
la calumnia y la mentira la castigan..”

Liberados

Anarchist tree of life

No existe nada que pueda pesar más que las imágenes que vimos ayer durante el transcurso del día. Ni la ideóloga ni las diversas formas de pensar que puedan existir sobre el mundo, ni las contrariedades políticas o sociales que versan sobre los diversos problemas que nos aquejan a los monitos desnudos. La liberación de los 15 secuestrados por las FARC (por parte del ejercito, en una operación en donde ya mucho se ha reseñado, no hubo un solo disparo) es una demostración paradójica de cómo a veces se puede hacer guerra sin hacerla; y no solo vale como un impecable efecto de una inteligencia,  que como dijo Uribe, solo es la inteligencia de un pueblo reflejada en una situación en particular.

El valor añadido se sitúa en las palabras mismas de los liberados, quienes en sus años de cautiverio tuvieron la oportunidad de establecer relaciones que en otras realidades hubieran sido imposibles, de encontrar en otros, muy diferentes en diversos aspectos, la humanidad necesaria para sobrevivir una de las peores experiencias que puede vivir una persona.  No hay que olvidar, lo dijeron todos con sus propias palabras, que allá quedan cientos esperando, y que entre la maleza de las llanuras, selvas y montañas de este país, quedan muchos más que ya no van a regresar. La valentía de los soldados y de la misma Ingrid Betancourt, a quien he criticado, pero a quien veo ahora desde una óptica diferente.

El mejor regalo que nos pueden traer los secuestrados liberados es la experiencia de diversos sectores de la sociedad, quienes vivieron juntos la experiencia del secuestro, y encuentran en medio de la selva que toda esa miríada de barreras sociales y aparentes abismos que se han creado en Colombia, no son más que frágiles constructos que han contribuido de forma significativa en el estado actual del país. Las imágenes de ayer, a pesar del evidente abuso que hizo el Estado, solo pueden ser explicadas desde la felicidad inmensa que sienten los familiares después de años y años de zozobra; y de los secuestrados, quienes estuvieron encerrados en ese laberinto Borgiano algunos por una década.

Pd: pareciera que el tiempo es irrelevante, vemos nuestras vidas y su lento pasar de hojas desde el tedio, no llegamos a imaginar lo que es el tiempo prolongado de cautiverio en condiciones infrahumanas. Solo siéntense a pensar por un momento, en donde estaban hace 10 años, que hacían y como eran; ahora hagan todo el recorrido, todo lo que han cambiado (algunos incluso son incapaces de cambiar), todas las experiencias acumuladas, buenas y malas…. vean lo que son 10 años.

Pasos (The Strangest Tribes)

Pareciera estarse preguntando sobre el final del mundo

Sobre los pasos y las sombras que van quedando marcadas

Pareciera estar en el silencio

Aunque su cabeza - lo sé yo -

no es más que un torbellino

de voces ajenas.

Pareciera estar de nuevo en ese sitio

Tras la misma ventana

Y quizá mirando al mundo, o no mirando nada.

Pareciera que es su estirpe

La que está condenada al olvido.

Su voz, la de ella que se acerca a su lado,

Sus palabras que solas reposan en el vacio

Pareciera que son pasos, lo que recorren sus pies,

¿Y su no fuera un camino? ¿Y si no hubiera mapa?

Y las hojas, y las ramas y las piedras,

Todo se lo tragara la bruma en la mañana.

Pareciera que fuera el olvido,

Que los pasos no fueran una línea,

Que el viento recoge las hojas muertas en el suelo

Para hacer un mapa de recuerdos,

Algo sin forma,

Algo ausente,

Que sabe amargo, que sabe vivo,

A sangre.

Cada vez perdemos más el rumbo, y de él solo quedan fragmentos; si es que al caso, alguna vez hubo uno.

La Ciencia Nomada

Banksy

Saber de algo, o saber de todo, a la nada, a la de Dios. Saberse genio, es saberse inútil, es mirar el mundo desde la distancia, es olvidarse y dejar de lado el instinto emocional, que no es ni tan instinto, pero que es más humano que el conocimiento. No existen todos, existir es la medida de acción sobre el mundo, pero también es la medida de acción sobre sí mismo, lo que los anarquistas llamarían capacidad autónoma decisión, lo que yo llamo carácter.  Pero es cierto, que teorizar es diferente a actuar, existe un abismo entre estas dos palabras, los científicos, adictos a la metafísica, habitan un mundo de sombras, un lugar platónico en donde se confunden los estados ideales de los objetos, y ellos en su cueva de llamas y sombras.

¿Qué pasaría si la ciencia fuera otra cosa? Si se pudiera amalgamar el sentido inocente de la infancia, con el del conocimiento, si el científico pudiera volver a recuperar eso que constituyo su futuro; caminar por entre las matas o ver la gente pasar por la callase, y sentir esa extraña sensación que en algún momento, hace algunos años, se desvaneció. He conocido “científicos”, gente atemorizada de vivir el mundo real que para escapar de él, se guarecen en cientos de artículos; la vida del científico actual corresponde a la de aquellos que, atados a cadenas, viven del juego de sombras y siluetas en una cueva.  Aquel que osa liberarse, es asesinado simbólicamente, pasa a ser no ciencia.

Si es así, es mejor hacernos matar; el estatus de científico se vuelve una carga indeseable para aquellos que miran desde la curiosidad. El conocimiento y la palabra verdad son dos términos a mi parecer irreconciliables: el primero parte de la curiosidad, y afortunadamente en muchos casos, del deseo de ayudar. El segundo es restrictivo al conocimiento mismo, la verdad es el término que reemplaza a Dios, en el mismo sentido en que el profesor reemplaza al cura en el pulpito. ¿Qué queda entonces para aquellos que no buscan desesperada y ávidamente la verdad? Queda la ciencia nómada, arma sin filo ni peligro empuñada por primera vez por los postestructuralistas, y avistad décadas atrás por Nietzche en la “Gaya Ciencia”.

La ciencia nómada no es una metodología científica, ni una propuesta para llevar  la ciencia a sus últimas. No se construye sobre una concepción misticista ni utópica de la ciencia, no se apoya sobre el futuro, no usa el tiempo como una justificación ni evita el espacio como una autocensura. La ciencia nómada es una aproximación al eterno retorno de Nietzche en el sentido en que parte de una concepción vital del conocimiento. El científico nómada no parte un titulo, la ciencia es vivida y experimentada en un sentido personal, es decir, tal como la forma nómada de algunos pueblos,  la ciencia nómada es una forma de vida.

El estudio de la ciencia tal y como esta propuesto en la modernidad implica un ilusorio separamiento entre el sujeto y el objeto, cuestión que al mismo tiempo es separar al sujeto de la ciencia. ¿No vemos “científicos” que solo pueden aprender de la destrucción de aquello que dicen estudiar? ¿No vemos científicos sociales criticando o investigando estructuras (como por ejemplo en el caso de los estudios sobre la moral), para después ver como en su cotidianidad replican los mismos vicios de los cuales dicen tanto saber y dicen tanto atacar? Si la ciencia es vivida, y esto es necesario desde una perspectiva anarquista de las ciencias, la ciencia tiene que surgir no de normatividades ajenas al individuo, no de metodologías que adquieren su poder gracias a semiocracias y propuestas místicas. El conocimiento, como decía algunas líneas más arriba, debe ser la continuación de la inocencia del niño; el científico nómada camina entre las múltiples fuentes y metodologías de conocimiento sin necesidad de quedarse estancado en una sola perspectiva del mundo. El mundo social se construye a partir de la integración de múltiples relatos que suceden en múltiples niveles de la sociedad, el conocimiento parte del mismo predicado, y tras la cortina de humo de la verdad, la ciencia se ha construido a partir de la jerarquización de múltiples posibilidades de conocimiento.

La ciencia nómada no necesita de mascaras, a pesar de ser una mascar en sí misma, no atribuye ni evita responsabilidades, no domina, tampoco, se deja dominar. Conoce, como quien al llegar a un lugar nuevo, no puede evitar caminar sus calles, preguntar a los locales, extasiarse con el olor del viento, de los colores del cielo. El científico llega con la regla y el articulo, y solo puede mirar el mundo desde ahí, de resto es considerar un placer mundano, pero ¿no es mejor vivir del placer?

Habitaciones y Penumbras

Abrió la puerta sin pensarlo, se estrello de frente con la mirada de ella, a pocos centímetros sus rostros se observaban, como habitando dos extremos de un abismo. Había algo en su aliento que le recordaba al olor de los pinos, la menta fresca que crecía en la finca, un añejo, un recuerdo sin forma ni tiempo que se balanceaba en su cabeza cada vez que se acercaban demasiado.

-Hola - dijo ella con desdén-, te esperaba desde hace un rato ¿dónde estabas?

No quería contestar, no sabía que contestar, hubiera sido mejor no haber dicho nada, sentarse al frente del televisor y dejar que otros hablaron por ellos, quería silencio, mucho silencio; todo daba vueltas al final, todas las palabras se habían revuelto  y solo quedaban las letras, aun así, desordenadas y sin sentido. La miro de nuevo y trato de recuperar el recuerdo del olor, pero este ya se desvanecía,  no la entendió, no encontró más que su rostro reflejado en el de ella, y de nuevo todo fueron sombras entre los dos.

-Por ahí, estaba lloviendo y entre a esconderme a la iglesia, estuve un tiempo sentado allí, mirando  los santos.

Sin saber que mas decir dejo el paraguas sobre el piso, las gotas se desparramaban sobre el suelo blanco, dejando una mancha oscura que poco a poco se iba esparciendo dejando una especie de silueta alrededor. No había mucha luz en aquel lugar, era ya media tarde y todo se sumergía en ese tono mortecino que arrojaba la ciudad en penumbras, sin luz, sin sombras ni tampoco oscuridad.

Días antes, mientras tomaba algo en una cafetería cercana, pensó que esta ciudad se perdía poco a poco en su olvido, en su propia amargura. La misma que a él lo acechaba y a todo el mundo, la misma con la que uno se cruzaba todos los días al caminar, los gestos de los otros, sus ojos pegados al piso, su tristeza respirando por los poros, su ausencia.

¿Y si todo ha muerto? Había pensado y ¿si solo somos cuerpos que caminan entre las calles sin más ni más? Ese día mientras caminaba como siempre a casa se había imaginado a todo el que pasaba como un bulto de carne, una masa de materia orgánica y gotas pesadas de destino, una mecánica respuesta. Respiraba profundamente cada vez que alguien pasaba, y pensaba en el olor de la carne putrefacta; en los gusanos que se arrastraban entre los cuerpos muertos.

Por un segundo, creyó ver quede de todos, y de él, salían miles de insectos, que el cielo se llenaba de la sombra de mil moscas que brotaban  y se apropiaban del horizonte. Era media tarde, aquel día, y todo se empezaba a alargar, vio su cuerpo deforme sobre la luz del sol. Así, mientras se perdía entre siluetas, empezó a fundir sus sentidos con ese tiempo, y supo que él, y todo, era solo una pregunta, y que todo, se resolvía sin preguntar.

Llego a casa, y sintió esa extraña presencia en su alcoba, miro de nuevo, era un mosaico de imágenes ajenas, un tiempo perdido. ¿Cómo saber? La pregunta palpitaba en la boca; ¿Quién es? Parado sobre la alfombra sucia de aquel lugar, el olvido lleno sus ojos; mientras, las manos sudaban.

Banksy Balloon Girl

La Ciencia Real

Ciudadanos, es decir, componentes humanos de un contrato social en un determinado momento y espacio. Pero el ciudadano no es solo el componente, la unidad estructural, es también la unidad cognoscitiva y cultural básica, el elemento activo que lo es también, aun en su pasividad. Las sociedades institucionalizadas no pueden llegar a serlo, no sin antes tener un componente místico, el sueño de lo humano se extrapola a la red social, y se extiende en esta como un virus, que poco a poco va constituyendo. La organización social basada en superestructuras de control y coerción no parte de la simultaneidad de sus componentes en la búsqueda de la convivencia, es necesaria la promesa, y es necesario el discurso del poder. En sus etapas iníciales este se relega a las leyes, a la normatividad que, circularmente, se auto argumenta como un elemento sino necesario, esencial para garantizar la convivencia; la ley se convierte entonces en el fin y en el instrumento mismo. El policía se asoma a la calle y dice “yo soy la autoridad”, el poder se vuelve entonces capilar, los elementos humanos, se convierten ahora en los abanderados de la verdad. Si el poder es abstracto, es necesario darle un rostro humano, el policía, al decir que es la autoridad, se convierte a sí mismo en un guardián no de la convivencia, sino de las leyes, él encarna la ley en sus actos, define el bien y el mal.

La presencia de una normatividad solo se puede explicar desde la mística, porque las leyes, a pesar de que cualquier gobierno las amaña y transforma a su gusto, es vista como un elemento absoluto, la ley es como la comida o el aire, sin ella no habría vitalidad. El discurso biológico se ha fundamentado a sí mismo con estas mismas características, la vida solo puede ser, si existen normas que la sostengan. La mejor forma de demostrar esto es a través del dogma principal de las ciencias de la vida, la evolución: Sabemos que existe, que los organismos están cambiando constantemente gracias a un sinnúmero de contingencias tanto internas (genética) como externas (el ambiente). La interacción reciproca genera aspectos como la selección sexual y la selección ambiental, las especies van evolucionando y se van diversificando, van desapareciendo para dar paso a formas de vida dominantes, la dominancia es solo temporal y todas las especies están condenadas al cambio, la vida está ligada a la transformación constante de un sistema abierto, caótico y entropico.

En su afán de constituir lo que llama “las leyes de la vida”, los científicos han dedicado la ciencia a tratar de develar las formas concretas en cómo funcionan los organismos vivientes. Para el discurso de la ciencia real son estas leyes las que garantizan la constitución de la vida, si el orden establecido (previo a la percepción y construcción del discurso científico) y jerárquico garantiza la vida, este orden se debe extrapolar a lo social; se desprenden entonces dos posibles colorarios: todos los seres vivos están sujetos a una serie de leyes, descubrir cuáles son las leyes tanto psicológicas como sociológicas permite a la sociedad generar un reflejo puro de sí misma desde la ciencia; del mismo modo, si para la biología son las leyes y reglas lo que permite el éxito de la vida, la humanidad debe hacer uso del conocimiento que tiene de sí misma, para acentuar estas leyes y dar así a la sociedad un orden deseado que garantice la dominancia y perpetuación de la humanidad.

La ciencia regula entonces la sociedad con un elemento constitutivo y un elemento descriptivo, la constitución se hace a partir de la suposición de que, si es gracias a las leyes que la vida tiene éxito, la humanidad debe tener y crear leyes universales que garanticen su buen funcionamiento. La descripción hace referencia a la suposición misma de que existen leyes universales, y que estas pueden (y deben) ser desentrañadas para así, por medio del control de variables, encontrar la forma optima y perfecta mediante los cuales los humanos debemos funcionar. Ahora, la ciencia es un discurso, tiene la ventaja, a ojos de los modernistas y los racionalistas, de que permite un acercamiento alejado y desapasionado de aquello que está afuera. La ciencia real es dependiente de sus mismos supuestos, es también mística porque hace referencia a los elementos esenciales del universo; es circular porque es solo dentro de su misma concepción, que se supone que estos elementos esenciales del universo, son externos a su propio discurso e ideología. En otras palabras, la ciencia real solo puede existir gracias a los deseos y expectativas de su propia ideología.

¿Qué pasaría si la ciencia pudiera dar cuenta de todas las interacciones, reciprocidades y variables a las que está sujeta la “realidad”? la respuesta es sencilla, dejaría de existir, la metodología científica, más allá de garantizar un conocimiento real, garantiza el mantenimiento de los mismos sistemas de poder sobre las cuales se sostiene. Una vez la ciencia pueda dar cuenta de todo lo que atañe al universo, se verá sumergida en un caos que destruirá sus propios axiomas y dogmas, la multiplicidad de relaciones reciprocas hacen imposible la organización y estructuración racionalista, deslegitiman el conocimiento como esta propuesto. Esto, sin contar la pasionalidad y la subjetividad propia de toda forma de conocimiento.

Recuerdo que en algún momento, alguien me dijo: “ah, entonces si se da cuenta que la razón es la mejor forma de conocimiento”. ¿La mejor forma para qué? Pregunto yo, solo se podría describir una forma de conocimiento como mejor, si se tiene en cuenta que hay algo hay afuera que se puede conocer en su totalidad, y que existe una metodología más exacta que otra. Solo a través de la abstracción del mundo, a niveles metafísicos e ideológicos, se puede llegar a creer que existe una forma de conocimiento mejor que otra. Del mismo modo, en que las religiones construyen a Dios. ¿Cuál es la respuesta a esto? ¿Se deben mejorar las formas de conocimiento? ¿se debe tener fe en el progreso de la ciencia? Todo tipo de respuestas y preguntas resultan siendo áridas voces que se pierden en el discurso científico, porque no existe una mejor forma de aproximación al conocimiento.

Estos son parte de las problemáticas que afectan la ciencia real en relación con sus propias metas y discursos, la búsqueda de la verdad es diferente a la búsqueda del conocimiento, no existe más que una relación aparente entre lo que los científicos describen como verdad, y lo que muchos nos limitamos a ver como conocimiento. La verdad esta relegada a las leyes, y solo la aplicación rigurosa de normas permiten al científico real acercarse a la “realidad”, algo que en el fondo es equivalente a verse en el espejo para esperar conocer todo lo que es humanidad. El científico vive en su propia jaula de oro, es ya prisionero de sí mismo, y su poder sobre la sociedad lo lleva a hacer prisioneros a otros, de aquella realidad que describen como verdad.

Adios al ser razon

Escribir por escribir, es como vivir por vivir.

La imagen, ese absurdo que congela el tiempo y el espacio, una fotografía vieja y amarillenta, carcomida por el tiempo. Ver hoy las fotos de ayer, o de hace diez años, ver cuando mis ojos no habían visto tanto, y encontrarme, aun ahí, en el brillo de esos ojos que ya eran viejos para entonces. La imagen es testigo del cambio, nos avisa que ya no es lo mismo, nos sitúa en el continuo caótico, y espeso, del tiempo ligado al espacio. ¿Qué hay más mortal, que aquello que nos hace mortal? ¿Puede haber algo más vital?

Si se escribe, se escribe para desarmar el mundo, para reacomodarlo a los matices de la memoria y las emociones, escribir no es imagen, es un poco de todo. Crear, todo acto es crear, ver el mundo al levantarse es crear, hacer ciencia, hacer arte, hacer nada. Sentarse en la orilla de un andén, con el sabor del trago en los labios y con el humo colándose entre los ojos, escuchar los carros pasar, ver las luces moribundas de la noche, como se van extinguiendo, una a una, y esperar a la alborada; todo es crear.

Si se escribe, y si se hace imagen, se hace mortalidad, se hace tiempo; se llena la cabeza de metáforas, y se renuncia, irrevocablemente y con orgullo, a la realidad y a la razón. La sociedad se alimenta de eternidad de promesas de perfección, de imágenes estáticas que delimitan el mundo, y encierran la imaginación, confinándola a la anormalidad, alejándola de la cotidianidad. Es nuestro deber, más bien nuestro placer, renunciar al mundo que esta impuesto, desarmar el tiempo y el espacio, renunciar a nosotros mismos y olvidarnos; recordar nuestra mortalidad, recordar nuestra humanidad, ser nadie, ser viento y niebla. ¿Pero qué tiene que ver esto con la imagen.

La imagen reconstruye el tiempo, quizá a veces lo haga absoluto, o quizá, como cuando se mira a esa foto de hace tantos años, se convierte en un espectador de la metamorfosis que a todos nos acecha; la imagen tiene doble filo entonces, lo cual nos revela otro matiz, la imagen es también una creación, y como tal, no depende de un significado, esta relegada al proceso de quien la toma, de quien la mira. La imagen es maleable, no solo en su interpretación, también en su creación, en su misma esencia, porque no existe la esencia. Si es la foto de mi primera comunión, cuando mantenía el sirio, y pensaba con certeza, que después de la muerte existía un purgatorio. Si ahora pienso que si existe Dios, nunca nos boto del paraíso, olvidamos, fuimos nosotros, los adictos al sufrimiento.

Si ahora veo mi cara, mis ojos dilatados, y los recuerdo nobles, si pienso en que la vida es nómada, que yo, por elección, prefiero ser un nómada, tanto en la cotidianidad como en el conocimiento. Si ser nómada es caminar, y dejar caminar; es dejar la huella entre la arena, como un regalo para que el viento la borre, es dejar los rostros desvanecidos, a la muerte, muerte y la vida, vida. ¿Cómo se hace para entonces para olvidar? ¿Porque se habría de querer olvidar? solo la vergüenza, esa que nos impide mirar a alguien a los ojos, solo así, solo el desdén y la ausencia de acción, solo el cuerpo podrido por dentro, condenado a la reacción.

¿Sabes una cosa? Que feliz se siente no ser nadie, y dejarse caer entre el sifón como un montón de agua sucia, crearse desde el vacio, en esencia, ser vacio, y ser sí mismo, siendo nadie. Se es una imagen que se mira día a día, y que muta, se es el caos que viven las células, y los fluidos que recorren el cuerpo. Se es la interminable marea de imágenes y sensaciones que se imprimen en el cerebro. Se es eso que se dice, el lazo que une mis palabras y mis acciones es delgado, una delicada serie de eslabones tejidos con hilos de voz, no soy más que mis palabras, no soy más que lo que digo. Tu, que dices, tu, que hablas, tu, que dices ser, mientras te llenas de saliva el rostro.

No nos vengamos con pendejas, la gente dice, que es como decir que la gente es, pero una vez se dice, y se es otro, el mundo se vuelve una farsa.

Ofrecen recompensa de hasta 5 mil millones de pesos por el cadáver de ‘Tirofijo’

¿Y para que quieren el cadáver?

¿Es que no están tan seguros de la inteligencia? Si la inteligencia ya aprendió la mejor lección en términos de estrategia; plata.

¿O es para mostrarlo? La manía de la exhibición y el espectáculo, pedido especial de los medios para poder poner el cadáver en primera plana una semana entera. Tal como hicieron los señores de El Tiempo, lo más cercano que he podido ver a lo peor del Espacio. El gobierno se obsesiona con un cuerpo en descomposición. 5.000 millones de pesos por un pedazo de carne putrefacta, en donde ahora si vale el argumento: ¿será que en este país no hay cosas más importantes que hacer con 5.000 millones de pesos? Como adecuar tierras a desplazados, ante de inventarles que la tierra no es productiva y lo mejor es convertirse en un empleado de tercera de cualquier palmera corrupta.

En este país la plata se gasta en espectáculo, en concejos comunitarios que están hechos para dar la sensación todo poderoso de un gobierno que “esta en todos lados”. En tribalismos absurdos como querer exhibir la cabeza del enemigo a la entrada de la ciudad (que en este caso es esa poderosa herramienta alienada de sí misma, los medios.), para así poder mostrarles a los caminantes como se extermina la amenaza terrorista. No es que “Tirofijo” no esté bien muerto, es que ya la guerra en Colombia entro en la etapa espectáculo, en el simulacro de Baudrillard, en los comerciales que nos dan esperanza, cuando en el fondo lo único que deberían inspirar es el miedo al todo poderoso Estado.

5.000 millones que podrían presentar una diferencia real para miles de familias que, por culpa de los ejércitos privados de los políticos, están en el estado más paupérrimo y miserable que el gobierno ni siquiera está interesado en solucionar. Porque acá no importa que el país este vuelto mierda en sus entrañas, en su corrupción, en su violencia que impregna lo mas cotidiano de nuestras relaciones humanas. Lo que importa es echarle la culpa de absolutamente todo a las FARC, mientras nos envenenan de miedo, mientras el Estado se extiende, mientras modelan este país a los deseos de nuestros Berlusconianos políticos, mientras todo carcome al 90% de la población del país. Si las FARC es una de las peores pestes que le pudo pasar a Colombia, es lo mejor que le pudo haber pasado a Uribe y José Obdulio.

II

El clima se está empezando a tragar a Colombia, las lluvias interminables dejan miles de damnificados a lo largo y ancho del país, ya sabemos que el clima se va a poner peor, mucho peor, una de las grandes preguntas que nos deberíamos hacer los Colombianos, es el orden de prioridades con la que en este país siempre se destinan los recursos.

La inversión en guerra (5.000 millones es una cifra ínfima) y en programas de estructuración y re estructuración política dependiendo del mandatario de turno, la corrupción que desangra lo “publico” en toda la cadena de procesos necesarios para el flujo de recursos, la inevitable politización, y consiguiente burocratización, la lista típica de cualquier sistema Estatista. Parte del interés de echarle la culpa de todo a las FARC es poder destinar recursos sin una verdadera convicción democrática (esto es si creen que la democracia existe) ni social. El Estado es una corporación que se fundamenta en la administración coercitiva de la sociedad, eso es también política.

Todos estos vicios ponen en riesgo no solo los programas de impacto inmediato: indemnizaciones, ayudas económicas, “presiones a los sistemas crediticios”; ponen en riesgo los proyectos de prevención, el país no se está preparando para lo que se viene por delante. Peor aún, la distribución de las tierras cultivables optimas se orienta a la siembra de plantaciones con fines de producción de combustibles (que obviamente solo pueden ser llevabas a cabo por grandes corporaciones), no es como dice el señor ministro de Agricultura (el inútil mas útil para el gobierno o el ministro más peligroso que haya estado en una cartera), asegurándonos esta mañana en la radio que en este país la autonomía agropecuaria existe.

Es necesaria la relocalización y ayuda a las poblaciones vulnerables a los desastres naturales, y la optimización y vigilancia constante por parte de instituciones de la forma en cómo los recursos de ayuda son distribuidos y priorizados; no es que ahora le vayan a dar algunos miles de millones a quien ubique el punto exacto donde se dio el terremoto de la semana pasada, o que decidan mandar a los desplazados por las inundaciones a trabajar para Bananeras o Palmeras. El campesino de este país lo que necesita es oportunidades de volver a empezar, no contratos tapados de esclavitud y dependencia al sistema; Ya es lo suficientemente inteligente y curtido, sabe cómo manejar la tierra, sabe lo que ciertos ministros ignorantes no van a saber ni aunque lo quisieran, sabe lo que nuestros mandatarios no van a saber y nunca querrían saber, porque son los que han tenido que pagar por la estupidez del Estado y la de los otros que también quieren mandar.